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  • Delia y Gustavo

Calambres

Los calambres son una molestia frecuente y la mayoría de las personas ha tenido alguno en su vida o sabe de qué se trata. Son contracciones involuntarias y dolorosas de los músculos de cualquier parte del cuerpo que duran unos minutos y después desaparecen. Pueden ocurrir al hacer un ejercicio intenso como correr o nadar pero lo más frecuente es que se presenten en forma por la noche, afectando los músculos de las pantorrillas. Estos calambres se conocen como “calambres nocturnos” y se presentan más frecuentemente en las personas mayores de 50 años y en las embarazadas.

Las causas de los calambres no están muy bien establecidas. Se cree que los músculos pueden acalambrarse por el acortamiento y/o el sobreúso muscular debido a la falta de elongación o a un entrenamiento inadecuado, por la falta de líquidos (por deshidratación o uso de diuréticos), por la alteración de la irrigación de las piernas (várices o alteraciones arteriales) o bien por permanecer en la misma posición durante un período prolongado. Sin embargo, la causa de los calambres nocturnos (que son, por lejos, los más frecuentes y molestos) es completamente incierta.

Como habitualmente los calambres se pasan solos y no representan un riesgo para la salud, no requieren consultas de urgencia o por guardia. Si son muy frecuentes o provocan mucho dolor, es aconsejable consultar al médico en forma programada.


Para su tratamiento se recomienda: estirar (elongar) lentamente el músculo acalambrado y masajearlo suavemente para favorecer su relajación y calmar el dolor. En muchos casos los calambres pueden prevenirse con una adecuada hidratación y evitando las posiciones que favorecen su aparición (por ejemplo, estirar los pies en la cama o pasar muchas horas de pie).


Cuando los calambres se deben a un determinado problema de salud suelen mejorar al tratar dicho problema. Por ejemplo, las personas con várices suelen tener calambres, principalmente en el verano, y mejoran con los masajes en las piernas, las medias elásticas y, eventualmente, con el uso de medicamentos que tonifican las venas.

El tratamiento de los calambres nocturnos suele ser un desafío para cualquier médico, sin embargo, la quinina es una droga que mostró ser eficaz para mejorarlos (no se sabe cómo actúa). La quinina se encuentra en el agua tónica (Paso de los Toros, etc.) dándole ese típico sabor amargo y puede utilizarse como primera medida. Muchas personas logran no tener más calambres nocturnos tomándose un vaso de agua tónica antes de dormir. Si con esto no se logra mejoría puede tomarse 200 mg de sulfato de quinina antes de dormir. Muchas personas toman magnesio (y muchos médicxs lo indican) para mejorar los calambres pero la evidencia científica no logró demostrar que esto sea mejor que el placebo.


¿Es cierto que si no elongás tenés más riesgo de acalambrarte?

No es fácil contestar esta pregunta. Nosotros creemos en la elongación como algo “bueno” y nos confiamos en lxs entrenadorxs deportivxs, profesorxs de educación física, yoga, danza, etc. y terapeutas corporales que les enseñan a elongar a sus alumnxs y valoran ese tiempo y ese espacio. Sin embargo, la evidencia científica no ha podido corroborar fehacientemente que elongar sea “bueno”. Igualmente, no todo lo bueno podrá ser demostrado por la investigación científica. Si podés, elongá.

Mi mamá tiene calambres nocturnos y quería tomar quinina y su médico le dijo que ese medicamento es peligroso.

Si el médico de tu mamá le dijo eso, preferimos no oponernos a ese parecer ya que para nosotrxs la relación médico paciente es más importante que “el saber”, pero según nuestra experiencia y nuestras lecturas, la quinina no es un fármaco peligroso y suele ser muy bueno para curar o mejorar los calambres nocturnos.

¿Es lo mismo un calambre que un tirón?

No. El calambre es un espasmo (eso quiere decir que el músculo se contrae fuertemente e involuntariamente) muscular que dura unos segundos o unos minutos y luego cede y el músculo vuelve a estar bien. Por el contrario, el “tirón” es un término que corresponde a una lesión más duradera y puede corresponder a una distensión o a un desgarro muscular. Obviamente, hay tirones o desgarros que determinan que uno no pueda seguir caminando y hay otros que son más leves y que permiten que uno pueda seguir haciendo lo que hacía.

 

© 2020 - Delia y Gustavo

Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria del Hospital Italiano de Buenos Aires